Es el nombre de la obra de teatro que interpretan Lola Herrera, Lola Baldrich y Ana Labordeta, dirigidas por Magüi Mira, estos días en el Teatro Olympia. Yo fui a verla el pasado 6/10 y aquí os dejo mi opinión, junto con un poco de información acerca de los temas tratados en la obra.
Sinopsis de la obra
La trama de la obra se enmarca en un futuro distópico, en el que existe una conspiración gubernamental que pretende manipular a las masas mediante la inteligencia artificial. A partir de un evento traumático, una científica reconocida, una psiquiatra y una periodista van tomando conciencia de lo que está pasando en la sociedad de ese momento.
Mi escepticismo hacia la obra
He de admitir que estaba bastante escéptica respecto a la obra desde que leí su título, su sinopsis y sus críticas. Tristemente, cuando se habla de temas relacionados con la Psicología en proyectos artísticos, es más llamativo partir de creencias erróneas que refuercen mitos, que construir un guión con el asesoramiento de profesionales para evitar la desinformación.
Estaba escéptica, pero quise dar un voto de confianza e ir a ver la obra. Al fin y al cabo, mi escepticismo venía de un prejuicio y sería hipócrita criticar la obra sin haberla visto. Así que, intentando valorarla desde una hoja en blanco (difícil, pero lo intenté), me senté en mi butaca de la Fila 5 del Teatro Olympia y se alzó el telón.
Creencias erróneas por doquier
Si tuviera que definir dos elementos que dan sentido a la historia, diría que son el análisis de la conducta humana y la inteligencia artificial. Y sí, como me esperaba, el guión está plasmado de creencias erróneas hacia ambas cosas.
¿Adictos? ¿A qué?
En un momento de la historia, la psiquiatra y la científica explican el nombre de la obra. La psiquiatra, «experta en la mente humana», y la científica, «experta en ciencias cognitivas y desarrollo tecnológico», se han dejado llevar por sus conocimientos y reputación y han acabado contribuyendo a crear una sociedad a la que todo el mundo se ha vuelto «adicto».
¿Qué es una adicción en realidad?
Si habláramos de ADICCIÓN a la tecnología, nos referiríamos a un proceso multideterminado en el que tiene que haber…
- vinculación creciente con estímulos (cada vez más cosas nos incitan a utilizar la tecnología).
- generalización de situaciones en las que consumir (por ej., me aburro y como no tengo nada que hacer, me pongo con el teléfono).
- pérdida de control (los «no pasa nada, yo controlo», «yo lo dejo cuando quiera», son algunos de los mayores indicadores de que una persona está perdiendo el control).
Sabiendo esto, es evidente que en la obra no se trata bien el concepto de ADICTO. No se puede ser adicto a una sociedad. Además, la trama no hace referencia alguna al proceso de una adicción, ni tampoco a la dependencia de la tecnología. Es una distopía que desarrolla una conspiración que utiliza la tecnología para la manipulación de masas, pero nada más.
Una psiquiatra haciendo de «psicóloga» y de «neuropsicóloga»
La psiquiatra es la figura que, en la obra, otorga autoridad a la hora de hablar sobre el conocimiento «de la mente humana». Así que desde un inicio partimos de un enfoque biomédico, en el que los problemas que surjan en relación a la conducta o cognición de la persona serán esencialmente orgánicos y tratados por médicos.
La trama se desarrolla en un hospital, exageradamente blanco, utilizando una camilla vieja, oxidada, imagino que con la intención de llevar al espectador a ese contexto de manicomio.
Adoptar un enfoque biomédico deja fuera muchas variables importantes para abordar el problema de la persona. Si nos centramos sólo en lo orgánico, ¿dónde queda lo psicosocial?
Y sí, es frustrante divulgar para deconstruir el estigma social que envuelve a la Psicología para que luego, si se habla de lo psicológico, se recurra a viejos tópicos como los que utilizan en la obra.
La psiquiatra, con su bata blanca, va con su teléfono guardando las anotaciones de los pacientes en las notas de voz. Habla de una «amnesia total» que trata mandando «rayos gamma al hipocampo para potenciar la interconexión neuronal» (spoiler: esto no existe).
En realidad, se trata de una amnesia disociativa, que consiste en la incapacidad parcial o total para recordar ciertos eventos después de haber vivido un evento traumático. La recuperación puede ser espontánea, pero si no, lo que se utilizan son estrategias psicoterapéuticas para favorecer la evocación de recuerdos (exponerse a cosas familiares, por ejemplo).
No tiene mucho sentido que, si la amnesia se ha producido por un evento traumático (estímulo psicosocial), se hable de un problema puramente orgánico (atrofia del hipocampo). Por eso el enfoque biomédico es tan limitante. No todos los problemas tienen causa orgánica.
La inteligencia artificial, la antagonista del ser humano en el s. XXI
Respecto a la inteligencia artificial, quedarnos con lo que se dice en las redes sociales sobre ella hace que asumamos expectativas que nos lleven a rechazarla sin conocerla. A principio de siglo se pensaba que la revolución tecnológica del Internet y de los ordenadores sería el apocalipsis. La realidad es que el mundo evoluciona y el ser humano se adapta.
La importancia del buen asesoramiento profesional
Estas son sólo algunas de las creencias erróneas que se mencionan a lo largo de la obra. Me da lástima, porque algo así se podría haber solucionado desde el principio colaborando con personas expertas en el tema.
En cuanto a la conducta humana, un psiquiatra está formado en Medicina, conoce a la perfección lo orgánico y puede asesorar sobre el tratamiento recomendado (farmacológico, psicológico o ambos). No obstante, quien trabaja con en análisis de la conducta son los psicólogos. Y quien trabaja en la relación conducta-cerebro son los neuropsicólogos.
¿Quieres hacer una obra distópica en la que tome protagonismo el comportamiento humano y la inteligencia artificial? Perfecto, asesórate con los profesionales adecuados y no te dejes guiar por tópicos, porque de esta forma lo único que se consigue es perpetuar la desinformación, lo cual es paradójico, ya que la trama es una crítica hacia la misma.
Eso sí, la interpretación me dejó embelesada
El guión tiene muchos puntos débiles, pero la interpretación de las tres actrices fue tan maravillosa, que acabé disfrutando de la obra más allá de mi escepticismo.
Nada más se alzó el telón, la presencia de Lola Herrera llenaba todo el escenario. Lola Baldrich me conquistó hablando del hermano de su personaje. Pero a quien no podía dejar de admirar durante los 75 minutos que duró la obra fue a Ana Labordeta. La interpretación, la dicción, la forma de moverse por el escenario… Todo ello hizo que me creyera su personaje desde el primer segundo.
Disfruté tanto con la interpretación y la dirección, que todo lo referente al desconocimiento técnico pasó a un plano secundario.
Conclusión
¿Recomendaría ir a ver la obra? Sí.
¿Pese a no estar de acuerdo con cómo se trata la Psicología en el texto? Sí.
Quizá no sea muy objetiva en este sentido, porque es complicado que yo no recomiende una obra de teatro. Mi amor por la interpretación es igual de puro que mi amor por la Psicología. En cierto sentido me enfada cómo está construido el guión, pero ello no echa por tierra todo el trabajo artístico que sé que hay detrás.
Merece la pena ir a ver la obra por disfrutar de la interpretación de las actrices, por tener un instante en el que nos cuestionemos hacia dónde vamos como sociedad, por desconectar durante una hora del mundo que hay fuera de ese patio de butacas. Y si, además, se va con cierto escepticismo hacia los datos más técnicos que se dan en la obra, pues mejor que mejor.
Me encantaría saber vuestra opinión si veis la obra, bien por comentarios o por privado 😉
Nos leemos en otros artículos,
Sara



