Arte o no arte, esa es la cuestión

Toda área socialmente apreciada tiene sus clásicos, que son definidos como: «que es típico o representativo de la persona o cosa de que se trata».

La filosofía tiene las ideas de Sócrates, de Platón, de Aristóteles. La literatura tiene las obras de George Orwell, de Edgar Allan Poe, de Quevedo, de Cervantes. La música tiene las canciones de Queen, de Whitney Houston, de Demi Lovato ;). Cada disciplina incluye personas que han tenido una repercusión tan grande que han sido dignos de ser modelos de referencia o imitación en las épocas que les han sucedido.

Los clásicos no tienen por qué ser personas u obras, también son estilos, modas, cánones…, que pueden dividirse en épocas (los clásicos de los 60, 70, 80…); pero siempre hay clásicos que, sea la época que sea, son tenidos en cuenta para valorar si algo entra dentro de una disciplina o no. Por poner un ejemplo, no es sorpresa la crítica que reciben los poetas de hoy en día, acusándoles de no ser dignos de ese nombre, de utilizar hojas para dos líneas o de pretender ser algo que no son.

Es curioso, porque si echamos la vista atrás, muchos de los que han terminado siendo clásicos empezaron recibiendo duras críticas o directamente fracasaron para luego resurgir. Sin ir más lejos, Van Gogh murió sin ser reconocido por las obras que hoy en día no hay persona que no admire; Galileo Galilei fue encarcelado por contradecir la idea de que la Tierra no era el centro del Universo; Albert Einstein era considerado un loco porque sus teorías no encajaban con las ideas del régimen alemán; Charles Darwin fue duramente criticado por proponer la idea de que el ser humano no fue creado por Dios. Estos y otros muchos personajes que a día de hoy consideramos básicos y esenciales, en su época fueron menospreciados (como mínimo) por proponer nuevas hipótesis, estilos o ideas. ¿Quién nos dice que en esta época actual no está pasando lo mismo?

Admirar y reconocer el trabajo de los clásicos es algo que nunca hay que dejar de lado, pues de una forma u otra es evidente que son un punto de inflexión en el campo que abarquen. Sin embargo, esto no implica tener que utilizarlos como rúbrica que determine si algo entra dentro de una categoría o no.

En el campo científico, actualmente, quizá sea más fácil evitar dicha rúbrica por el hecho de poder mostrar evidencia científica que demuestre la teoría que estás proponiendo (aunque hay veces que ni con evidencia se quiere ver lo que se tiene delante, p.e. el cambio climático). No obstante, en el arte es más complicado, pues es algo más subjetivo donde todo el mundo siente autoridad para valorar qué es arte y qué no. Parece que algo es considerado arte cuando ya ha tenido elevada repercusión y popularidad, cuando gran parte de las veces el arte puede encontrarse dentro de un garaje o en la habitación de alguien que todavía no ha recibido el reconocimiento que merece.

Volviendo al ejemplo que he puesto párrafos antes, el de la poesía actual, es uno de los casos con los que yo me encuentro prácticamente cada día. ¿Qué es poesía y qué no es poesía? Según la RAE, la poesía es una «composición literaria que se concibe como expresión artística de la belleza por medio de la palabra, en especial aquella que está sujeta a la medida y cadencia del verso». Por tanto, todo poema que incluya estas características debe ser considerado como tal. Ahora, esos «versos» de dos líneas que nos encontramos en algunos libros… ¿Son poesía? ¿Se adaptan a su definición? Yo no soy una experta literaria para determinar si algo es o no poesía. Quizá no lo sea, pero si te transmite algo, si te hace reflexionar, si representa la realidad con un toque estético, seguramente sí sea arte para ti. Poesía no lo sé.

Probablemente el origen de este problema parte de la necesidad de etiquetar cada cosa que existe. Qué más da que sea poesía, prosa poética o palabras en vertical. ¿Has llegado a alguien? ¿Has emocionado? ¿Has puesto una parte de ti en tu obra? Pues ya has ganado. Con ello no me refiero a que TODO sea arte, no me malinterpretes, una obra lleva su tiempo, su esencia y su significado. Un garabato en una servilleta no será arte, pero sí puede ser un boceto o idea de una posible obra. Unos versos que digan «Me gusta el café // porque es mejor que el té» probablemente no sean poesía, pero pueden ser el inicio de un poema que sí lo sea. No todos los artistas empezaron haciendo obras de arte, pero sí nacieron siendo artistas. Eso es lo que marca la diferencia y eso es lo que se ve a kilómetros. No es lo mismo un intento de artista que un artista. Un artista se preocupa por su trabajo, un intento hace dos apaños y lo intenta vender.

La sensación que tengo después de contarte todo esto es que a veces nos quedamos anclados en los clásicos, en la necesidad de que todo siga el patrón que nos hemos autoimpuesto para que concuerde con nuestras ideas. Sin embargo, lo maravilloso de todo esto es que cuando tengamos todo bien ordenado, cuando creamos que nada se puede salir de nuestra zona de confort, de lo conocido, llegará alguien que nos descuadre los esquemas e introduzca un nuevo enfoque de algo que conocemos (o no).

Lo que quiero transmitir es que abramos un poco más la mente, que ésta sea más receptiva, porque en eso se basa, en experimentar y aprender. Si no hay experiencia, no hay aprendizaje y si no hay aprendizaje, no hay evolución. Aprendamos de los clásicos, pero también de los que todavía son noveles, de los que proponen nuevos enfoques y de los que se salen de lo establecido. Ahí está la clave.

 

“No me gusta el arte que diviniza el ombligo de quien lo practica”

(Alejandro Jodorowsky)

 

Sara

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