Todos, como seres humanos que somos, hemos perdido a alguien. Sea por la mortalidad física que nos acecha o por algún conflicto que nos ha llevado a separarnos de esa persona. La pérdida de un ser querido suele desembocar en un duelo, un proceso emocional por el cual pasamos para adaptarnos a ese futuro sin aquello que hemos perdido. El término duelo se suele utilizar cuando alguien fallece, pero realmente no pasamos por él sólo ante esta situación. También pasamos por un duelo cuando hay una ruptura, sea con tu pareja o con una amistad allegada. El duelo implica pérdida. Sea mortal o no.
Fases del duelo
A veces no somos conscientes de pasar por él, pero es totalmente natural y necesario para poder continuar. Como todo proceso emocional, el duelo implica unas fases. Te invito a que, mientras las vas leyendo, pienses en aquel momento en el que perdiste a alguien. Quizá así entiendas por qué hiciste lo que hiciste o por qué te sentías como te sentías. Aunque yo te especifique un orden, no todas las personas que habitan el planeta pasan por las mismas fases en el mismo orden. De hecho, no tienes por qué pasar por todas. Cada persona es un mundo. Sin embargo, en base a mi experiencia, las pérdidas que de manera más sana he superado han sido aquellas en las que he pasado por cada fase, no necesariamente en el mismo orden. Aun así, te repito, cada persona es un mundo, y la manera más sana de superar una pérdida es escuchándose y comprendiéndose a uno/a mismo/a.
En este post te voy a hablar de las fases más reconocidas, descritas en el modelo de Elisabeth Kübler-Ross. Te dejo aquí su libro por si sientes curiosidad más allá de este post: Sobre el duelo y el dolor.
1. Negación
Al experimentar una pérdida, una estrategia de afrontamiento común es la negación, negar que se ha producido e incluso proponer realidades que podrían sonar irracionales, con el objetivo de aplazar el sentimiento de dolor que, irremediablemente, acabará llegando.
Uno de los ejemplos con los que me he encontrado yo es creer que una persona había fingido su propia muerte por alguna situación en la que se veía angustiado/a (hay un capítulo de Aquí no hay quien viva (T4) que trata precisamente esta situación, pero es real (dentro de la ficción).
Lo importante en esta fase no es evitar los pensamientos irracionales, sino ser consciente de que no son reales para tratar de reconducir el dolor que te ha llevado hasta ellos. No estás loco/a por pensar estas cosas, eso tenlo siempre presente.
Por otro lado, al ser víctima de una ruptura pueden surgir los comentarios de «Esto no se ha acabado, acabará volviendo», «Qué va, no hemos roto, sólo necesita su espacio», etc. En este caso es importante ver la realidad para evitar confusiones; es decir, que si sigues anclado/a en que no habéis roto y ves que tu ex-pareja está con otra persona, pueden producirse situaciones que harán que este proceso emocional sea más complicado de lo debido.
No es cuestión de que te obligues a aceptar la situación de manera radical, sino de que llegues al punto de ver que lo que ha sucedido es real, que esa persona no va a volver.
2. Enfado/ira
Una vez eres consciente de la situación, de que esa persona no está y no va a volver, puede producirse otra estrategia de afrontamiento, transformar tu dolor en ira. Así como en la negación es importante ser consciente de la situación, en esta fase lo importante es saber regular las emociones que surgen ante la disrupción entre lo que se quiere (que vuelva esa persona) y lo que no se puede tener (la vuelta de esa persona).
Ante esta disrupción, en el intento de canalizar la frustración que produce, pueden surgir pensamientos irracionales, entre los que destaca la culpabilidad. Por ejemplo, acusar a una persona externa a la relación de que por su culpa se haya producido la ruptura.
Puede no haber un foco concreto, puedes incluso percibir esa sensación de ‘estar enfadado/a con la vida’ por el hecho de sentir que no es justo lo que te ha pasado. Al no haber responsables totales de lo sucedido ni una solución que haga que vuelva esa persona, la frustración puede crecer. Puede no haber un porqué, ese porqué que explique por qué ha sucedido y por qué te ha tocado a ti. Simplemente ha sucedido y tienes que intentar vivir con ello a partir de ahora.
3. Negociación
Una de las necesidades del ser humano, más allá de aliviar el dolor, es la de sentir el control sobre uno mismo y sobre lo que le ocurre. Esta necesidad de control es natural, pero ante un duelo, esta fase se convierte más bien en una fantasía. Se trata de la percepción de control ante una situación para intentar revertirla o cambiarla, aunque esto no sea posible.
Pensar que la vuelta de esa persona que tanto quieres puede ser posible, aunque no real, es una manera de aliviar el dolor. Sabes que esa persona se ha ido, no se trata de una negación, sino que piensas que, por muy pequeña que sea, existe una posibilidad de que vuelva a tu vida, sea por magia divina o por un trato con el demonio.
Esta fase suele ser breve, ya que choca mucho con una realidad racional. Ante una muerte, la vuelta de esa persona suena irreal. Ante una ruptura puede parecer más real y posible, pero conforme la vida continúa sin esa persona, la posibilidad de que vuelva es cada vez más pequeña y no hay divinidad que pueda cambiarlo.
Es importante trabajar la sensación de control para que se ajuste correctamente a las condiciones de la realidad. Para ello tenemos que saber si el locus de control es interno o externo: si es interno, lo que ocurra o no ocurra SÍ depende de ti (p.e. ante una ruptura, tú eres el/la que trabaja en superarla. Si no pones de tu parte, nadie podrá hacer que ese sentimiento de dolor se rebaje aunque tengas todos los apoyos para hacerlo); si es externo, lo que ocurra o no ocurra NO depende de ti (p.e. si alguien ha fallecido, su vuelta no está en tu mano, por lo que tú no tienes el control sobre la situación).
4. Depresión
No hay que confundir esta etapa con el trastorno del estado del ánimo de la depresión. Esta etapa se caracteriza por la tristeza que surge al darnos cuenta de la realidad que hemos intentado evitar en fases anteriores. Aquí no hay pensamientos irracionales que actúen como escudo. Estáis tú y la ausencia de esa persona. Sin embargo, esta fase es transitoria, por lo que aunque incluya síntomas depresivos (cansancio, alteraciones en el sueño, aislamiento…), no estaríamos hablando de un trastorno mental.
En ningún momento de las fases del duelo debes presionarte para «estar bien». Ese es tu objetivo final, conseguir llevar una vida sana y regulada aceptando que ese ser que tanto querías ya no está en tu vida. No es un proceso fácil e incluso puede que necesites ayuda profesional. NO PASA NADA por pedirla. A veces necesitamos que nos encaucen un poco para saber por dónde tirar, porque el sentimiento de desorientación ante la pérdida de algo muy valioso puede ser una de las batallas que más cueste librar de todo este proceso. No es cuestión de que evites estar triste, la tristeza es tan natural como la alegría. Es cuestión de que escuches a esa tristeza para poder regularla con el fin de acabar llevando una vida donde no sea un obstáculo, sino un acompañante.
Pese a haberte aclarado que esta fase no es lo mismo que el trastorno mental, me dirás: «Pero hay personas que sí sufren depresión después del fallecimiento de una persona». Como te había comentado, esta fase es transitoria. No tengas miedo a estar triste por pensar que por estarlo caerás en depresión. Para nada. Los síntomas se convierten en trastorno mental cuando afectan al desarrollo de la vida de la persona durante períodos prolongados. Se considera que el duelo puede durar entre 6 y 12 meses. Si transcurrido este tiempo no notas mejoría, acude a un profesional.
De cualquier manera, ten presente que la tristeza no es signo de debilidad. No eres menos fuerte ni menos valiente por estar triste. Todo lo contrario, la mayor fortaleza y valentía es escucharse a uno/a mismo/a y, pese a todo, seguir adelante. Aunque cueste trabajo hacerlo y en ocasiones parezca imposible, créeme que es posible estar bien.
5. Aceptación
Cuando empiezas a sentir que esa tristeza se va alejando, que hay vida más allá del dolor que has sufrido hasta ahora, es cuando empiezas a aceptar la nueva etapa que te espera. No se trata de que sientas alegría de repente, de un día para otro, sino de que poco a poco puedas ir adaptándote. Date tiempo y paciencia. Cuídate y mímate. Nada en esta vida es eterno, por lo que el dolor tampoco lo es.
Idealización
El duelo no te afecta en una ruptura sólo si eres a quien han dejado, también afecta a quien decide romper la relación. En las rupturas hay ocasiones en las que se tiende a la idealización, a echar de menos a la otra persona aunque ésta te haya hecho daño, porque tendemos a recordar lo bueno y a olvidar lo dañino. Una de las claves de la aceptación es precisamente darte cuenta de que has idealizado ciertas cualidades de la otra persona. ¿No te ha pasado que echabas de menos a alguien pero que al verle nada es como antes? Que piensas: «Yo echo de menos a tu yo de hace 6 meses, no al de ahora». Cuando te das cuenta de que esa persona a la que echas de menos ya no existe es cuando empiezas a olvidar. Las personas estamos en constante evolución. Ni tú eres el mismo/la misma de hace una semana, ni la otra persona es el mismo/la misma de hace 6 meses.
«Una vez aceptas que la realidad no era como creías es cuando empiezas a olvidar»
Una vez aceptas y te adaptas a la nueva etapa sin esa persona es cuando finaliza el duelo. Puedes echar de menos eventualmente a esa persona. Sus instantes inmortales vivirán contigo eternamente, pero los recordarás sin esa espinita que te provocaba un nudo en la garganta cuando os distanciasteis. Al fin y al cabo todas las personas aportan algo en su paso por tu vida, aunque sea breve.
Durante todo el texto me he referido a las relaciones entre personas para evitar líos de términos, pero cualquier pérdida de algo que se ha querido puede hacer que pases por un duelo (p.e. la muerte de una mascota). Te recuerdo que se trata de un proceso emocional ADAPTATIVO, por lo que no es malo ni mucho menos patológico si pasas por cualquiera de sus fases. Si perdura en el tiempo (más allá de los 12 meses) es cuando sí sería recomendable que consultaras a un profesional.
Espero que este post te haya servido para conocerte un poco mejor. Si estás pasando por un duelo actualmente, si acabas de perder a alguien y te invade esa sensación de vacío, recuerda esta frase: «Lo visible es transitorio, lo invisible es eterno». Quizá ahora no lo puedas entender, pero créeme que a largo plazo le podrás dar tu propio significado.
Nos leemos la semana que viene,
Sara
