¿Crees que es posible olvidar quién eres? Olvidar tu historia, tus instantes inmortales. Olvidar a las personas que te han hecho sentirte vivo/a en algún momento de tu vida. Olvidarte a ti mismo.
Lamento decirte que sí, es posible. Es posible que esto pase. Para explicarte el por qué de esa situación tenemos que hablar de qué es la memoria, cómo se divide y qué áreas cerebrales están implicadas en su funcionamiento.
La memoria es un sistema complejo formado por estructuras y procesos que se relacionan con procesos cognitivos superiores, especialmente con el aprendizaje.

- La memoria sensorial es la que retiene la información que captan los registros sensoriales: olor, textura, presentación, sabor, colores… Está muy relacionada con la memoria emocional: el olor a pies te evocará nostalgia, te recordará siempre a tu infancia, a ese parque del McDonald’s con un olor a pies que echaba para atrás pero que omitías con tal de tirarte por el tobogán. Un olor a pies nostálgico.
Incluye la memoria icónica (visual) y la ecoica (auditiva). Éstas son las más estudiadas, pero, evidentemente, la memoria sensorial retiene información de todos los sentidos.
- La memoria a corto plazo (MCT) es la que explotas cuando te das el atracón de estudio el día de antes de un examen. Para ello utilizas la repetición, la asociación y la agrupación: repites y repites párrafos para ver si tu cerebro capta la señal, creas reglas mnemotécnicas a partir de palabras y agrupas conceptos para ver si creando cierta red todo tiene más sentido.
Incluye la memoria de trabajo: es la que utilizas cuando tu crush te da su Instagram pero tú no llevas el móvil encima y te toca memorizarlo (que también es mala suerte).
- La memoria a largo plazo (MLT) es la que utilizas cuando has llevado un estudio constante durante el cuatrimestre de manera que el último día sólo te queda repasar (qué bien suena y qué difícil se hace a veces). Para que la información quede grabada a fuego utilizamos la significación, la elaboración y el repaso: das significado a lo que estás aprendiendo, elaboras y repasas todo ello a fin de consolidar todavía más la información.
Incluye la memoria implícita y la memoria explícita.
– La memoria implícita recoge:
· Memoria procedimental: se refiere a las habilidades que automatizamos con la práctica. Por ejemplo, cuando ya has aprendido a conducir dejas de saturar tu cerebro con todas las acciones que debes hacer nada más sentarte en el coche.
· Memoria emocional: es la emoción que no puedes explicar al ver algo familiar que provoca una reacción en ti (para bien o para mal). Ese «no sé qué, que qué sé yo» que sientes cuando ves a alguien que es especial para ti. Es emoción pura.
– La memoria explícita recoge:
· Memoria semántica: la suelen definir con la pregunta «¿Qué sé yo?»; es decir, se refiere al conocimiento general sobre el mundo. Es la memoria que tienes que trabajar si quieres ganar el rosco de Pasapalabra. Ahí lo dejo.
· Memoria episódica: se define con la pregunta «¿Quién soy yo?». Se trata de ubicar tu historia vital en un tiempo y un espacio, de conocerte para poder guiarte hacia los objetivos que te propones. Es la que yo considero más importante, pues permite construir tu identidad y escribir tu discurso para cuando ganes el Goya.
Tras haberte explicado brevemente lo esencial sobre la memoria, tienes los recursos básicos para rebatir a una persona que se escude en el: «¡Es que tengo mala memoria!». ¿A qué tipo de memoria se refiere? Tendemos a hablar de la memoria explícita como la memoria general, menospreciando así la capacidad de los demás almacenes. Además, según estudios recientes, los fallos cotidianos de la memoria se deben a un foco inadecuado de la atención, más que a patologías cerebrales. Por tanto, apliquemos un poco más el mindfulness y así podremos acordarnos hasta del nombre del primo/a al que vemos cada cinco años.
Como te comentaba al principio, hay veces que la psicoeducación no es suficiente para evitar el olvido de tu identidad. Hay veces que el daño cerebral cobra tal protagonismo que no te permite una vuelta atrás.
Este es el caso de Clive Wearing, un director de orquesta inglés que sufrió daños en el hipocampo debido a una encefalitis. Esta infección viral provocó que Clive tuviera una retención de sólo 7 segundos, es decir, sólo era capaz de retener la información que había ocurrido hace 7 segundos. Esto provoca, por ejemplo, que no pueda leer un libro, ya que mientras lee una página ya ha olvidado lo que ocurría dos páginas atrás.
En el plano personal, Clive se sintió desorientado y confuso. Su memoria episódica estaba totalmente afectada: no era capaz de ubicar su historia personal en un tiempo y un espacio. No recordaba a su esposa e hijos. Lo curioso fue que sí mantenía su memoria emocional, de manera que, pese a no recordar a su familia, sí sentía ese «no sé qué, que qué sé yo» al verles. Había olvidado su identidad, pero no el recuerdo de lo que sentía al ver a las personas que quería.
Por otro lado, lo más sorprendente fue que las habilidades de leer, tocar el piano, hablar… (memoria procedimental), se mantenían intactas. Este hecho se debe a que el área principal (no la única) que participa en la memoria episódica es el Hipocampo, mientras que en la memoria procedimental participan el Tálamo, los GGBB y el Cerebelo. Por tanto, la encefalitis no afectó a la memoria procedimental debido a un funcionamiento cerebral independiente de la memoria episódica.
(localizaciones cerebrales de los tipos de memoria)
Esta evidencia demostró que había diferentes tipos de memoria que funcionaban de manera separada en el cerebro, lo cual fue de gran importancia, pues implicaba que la memoria era un sistema complejo y multicomponente que permitía el funcionamiento de otros tipos de memoria aunque uno estuviera afectado. Implicaba que no dependemos de una única área para recordar.
Como has podido leer en este post, en nuestro día a día la memoria es esencial para poder llegar a conocernos. Yo he utilizado todos y cada uno de los almacenes de memoria para poder escribir este post (y más teniendo en cuenta que se me había borrado y lo he tenido que volver a escribir). Tú también los has utilizado al leerlo. Te invito a que te pares a pensarlo, a darle significado, elaborarlo y repasarlo. Te invito a que seas un poco más consciente de lo importante que es cuidarse para no olvidarte de quién eres. Antes quizá te sentías cómodo/a escudándote en esa excusa típica de muggle que no cree en la capacidad de la memoria («¡Es que tengo mala memoria!»), pero ojalá ahora hayas cambiado de perspectiva. Sé que lo has hecho. Si no no habrías llegado hasta aquí.
«La memoria es el diario que todos llevamos con nosotros» – Oscar Wilde
